Existe la creencia de que los estudiantes aprenden según su estilo de aprendizaje; por ello, se considera que los docentes pueden adaptar sus estrategias para mejorar la calidad del aprendizaje. Sin embargo, ¿realmente existen los estilos de aprendizaje? La evidencia científica señala que no hay pruebas empíricas suficientes que respalden esta afirmación.
Estudios sobre la controversia
En el año 2008 Pashler et al. (2008), estableció criterios experimentales para poner a prueba la existencia o no de los estilos de aprendizaje:
- Categorizar a los estudiantes según su estilo de aprendizaje (p. ej., visual o auditivo).
- Asignar aleatoriamente a los participantes de cada grupo a diferentes métodos de instrucción (p. ej., visual o auditiva).
- Evaluar a todos los estudiantes con la misma prueba final.
- Demostrar que el método de instrucción que resulta más efectivo para un estilo de aprendizaje no es el más efectivo para un estilo de aprendizaje diferente.
Pashler et al. (2008) concluyeron que, aunque la literatura sobre estilos de aprendizaje es vasta, encontraron ninguna evidencia para este patrón de interacción cruzada, que consideraron una precondición necesaria para validar sus aplicaciones educativas.
El meta-análisis de Clinton-Lisell y Litzinger (2024) examinaron 21 estudios, los hallazgos indicaron un beneficio general positivo, pequeño pero estadísticamente fiable (g=0.32)* para la instrucción que concuerda con los estilos de aprendizaje, en comparación con la instrucción no concordada.
Implicaciones Prácticas
A pesar del efecto positivo agregado detectado, los autores del meta-análisis recomiendan una extrema cautela al justificar la adaptación de la instrucción a los estilos de aprendizaje. Esta recomendación se basa en tres consideraciones principales:
1. Baja Calidad de los Estudios: La mayoría de los estudios que sí indicaron un efecto positivo no cumplieron con los estándares de calidad del What Works Clearinghouse (WWC).
2. Costo-Beneficio Desfavorable: El beneficio agregado (g=0.32) se considera demasiado pequeño y demasiado infrecuente para justificar el tiempo y el gasto financiero que implica implementar una instrucción adaptada.
3. Riesgos Potenciales: La asignación de estilos conlleva el riesgo de esencialismo psicológico (creencia de que las categorías de personas son innatas y de base biológica), lo que podría llevar a los estudiantes a creer que sus capacidades de aprendizaje son innatas y limitadas a una sola modalidad, creando una profecía autocumplida.
En conclusión, la enseñanza con múltiples modalidades es preferible, ya que es menos costosa y proporciona un beneficio empíricamente más fuerte y más inclusivo para todos los estudiantes que la práctica laboriosa de intentar hacer coincidir la instrucción con los estilos de aprendizaje individuales
*El g de Hedges es una medida de tamaño del efecto utilizada en meta-análisis.
Referencias bibliográficas
Clinton-Lisell V, Litzinger C. Is it really a neuromyth? A meta-analysis of the learning styles matching hypothesis. Front Psychol. 2024 Jul 10;15:1428732. doi: 10.3389/fpsyg.2024.1428732. PMID: 39055994; PMCID: PMC11270031.
Pashler H, McDaniel M, Rohrer D, Bjork R. Learning Styles: Concepts and Evidence. Psychol Sci Public Interest. 2008 Dec;9(3):105-19. doi: 10.1111/j.1539-6053.2009.01038.x. Epub 2008 Dec 1. PMID: 26162104.